3/7/2006 20:34:00 Mondadori edita la tercera edición de Taller de Corte y Corrección, del argentino Marcelo Di Marco
Por Luis Benítez
Di Marco: “yo salgo de mí para llegar al otro”
En exclusiva para CRONÓPIOS, entrevistamos en Buenos Aires a Marcelo Di Marco, escritor bien conocido por el lector argentino en sus facetas de poeta, narrador y ensayista. Tras el éxito de dos ediciones de su libro Taller de Corte y Corrección, el conocido sello Random House Mondadori se apresta a lanzar la tercera edición. Taller de Corte y Corrección se ha transformado en un clásico que goza de la preferencia de escritores, docentes, investigadores y público literario en general.
-¿Cómo nació Taller de Corte y Corrección?-
-Hace años, en una librería de viejo, me encontré con un ensayo único en su género: El arte de escribir, de Antonio Albalat. En realidad, hablo de dos libros en uno: la edición de Atlántida reunía en un solo volumen L`art d`écrire y su continuación, La formation du style par l`assimilation des auteurs. Gracias, pues, a El arte de escribir y La formación del estilo, me fui conociendo mejor como escritor y aprendí trucos que me sirvieron muchísimo. Investigando descubrí que L`art… se publicó en 1899 y que pronto se convirtió en un best-seller que aún hoy se sigue vendiendo. Fascinado ante la sorprendente vitalidad de los consejos de un libro tan añejo, me dije que sería maravilloso escribir algo parecido. Un libro ameno que pudiera hablarle al lector como a un amigo; que le mostrara, sin alzar el dedo, no lo que se debe hacer, sino lo que se hace. Aquí caben dos advertencias: Taller de corte y corrección no es una preceptiva: sólo se atiene a describir usos y costumbres de muchos de los mejores narradores, poetas y ensayistas de todos los tiempos. Tampoco es una copia ni una actualización de aquella pequeña obra maestra de Albalat. Digo simplemente que ese gran compañero de ruta me sirvió como inspiración, me llenó de ganas de darles a los lectores la misma amistosa complicidad que yo había recibido de él. Y un poco más también, en lo posible: el libro del francés no sugiere ejercitación, mientras que mi modesto manual continuamente ofrece propuestas de escritura creativa y prácticas diversas sobre cuestiones de estructura y de estilo. Otra diferencia: Albalat muestra ejemplos tomados casi con exclusividad de clásicos franceses, y TCYC se dedica tanto a autores nacionales como universales, de todos los tiempos. ¿Otra diferencia? Albalat no incluye en su texto plumas ajenas, pero mi librocontieneentrevistas a los más importantes escritores de Argentina, entre los que nombro a Abelardo Castillo, Vicente Battista, Carlos Gardini y Hugo Mujica.-
-¿Cuáles son las líneas centrales del libro, cuáles son sus propuestas?-
-Mucha gente me ha dicho que TCYC se lee como una novela, y hay quien incluso se lo leyó de un saque de punta a punta y ahora va por la relectura. Hay un ritmo en la escritura de este libro, debo reconocerlo; pero no creo que eso se deba a que sigue una línea discursiva o argumentativa. En realidad, cada una de las cien notas que lo componen se parece mucho a una reunión de taller literario, en donde se trabaja con lo que aparece en el momento —esa es una gran diferencia entre un curso y un taller; el curso necesita de un programa, en tanto que el taller es azaroso mil por mil: se trabaja sobre lo que traen de su casa los talleristas o sobre lo que generan en el taller mismo—. En su momento, Silvia Hopenhayn definió a TCYC como un bello y caótico aprendizaje. Y tiene razón en lo de “caótico”, porque yo lo iba componiendo sin seguir plan alguno. Mi único plan era este: escribir, como mínimo, una nota por día. Una nota por día, pasara lo que pasase —salvo los domingos, que observo religiosamente—. Pues bien, como digno descendiente de asturianos, no me iba a la cama sin tener terminada mi nota diaria, aunque debiera acostarme al amanecer. Hubo días, incluso, en que en pleno embale (N. de la R.: “embale”, argentinismo por “entusiasmo”) escribía más de una. Si sacamos la cuenta, veremos que ese ritmo de trabajo hizo que TCYC se escribiera en tres meses. Pero, dejando de lado los cálculos estadísticos, lo importante es esto: cuando se lee como una novela, episodio por episodio, el libro muestra una continuidad digamos… lógica, una “obligatoria” continuidad lógica: recién cuando terminaba la nota del día sabía con certeza sobre qué tema versaría la siguiente. Y eso me mantuvo enganchado en la tarea cotidiana. Y las propuestas básicas que fui encontrando en el camino, página a página, se desgranan de aquellos consejos que yo les vengo dando desde hace casi treinta años a incontables grupos de escritura: basar toda corrección en el contexto del propio texto; ser libre a la hora de inventar; no dejar elementos innecesarios a la hora de corregir; no tratarlo de estúpido al lector explicándole lo que él ya sabe o intuye por sí solo; vestir las ideas con las palabras más adecuadas, y con la menor cantidad de esas palabras; estructurar el texto como para que la cabeza esté donde suele estar: lejos de los pies; procurar aquello que Edgar Poe llamaba unidad de efecto; tender hacia el Bien, la Verdad y la Belleza; poner el alma en cada verso y en cada línea.-
-¿Esto último hace a la ética de la creación?-
-La ética de la creación es un tema fascinante. Más allá de los agramaticales misterios de la poesía encriptada, de los panfletos circunstanciales y de los experimentos vanguardonanistas (N. de la R.: juego de palabras del autor, entre “vanguardistas” y “onanistas”) que sólo conmueven el ego de quien los eyacula al viento, la literatura es un para: yo salgo de mí para llegar al otro. En estos tiempos de confusión y satánico relativismo, conviene recordar una verdad fundamental que muchos autoproclamados artistas parecen haber olvidado: ese supremo acto de comunicación, ese festín que es la obra de arte, siempre debe ir dirigido al público. Ya habrá tiempo para que aquel triste club de tilingos integrado por los críticos incomprensibles, los ideólogos impotentes y los profesores abstrusos se arrime a la mesa del banquete a aprovechar las sobras.-
-¿A qué tipo de lectores está dirigido Taller de corte y corrección?-
-A todos los que escriben. Especialmente a los que escriben literatura. Especialmente lo dedico a los humildes que buscan mejorar la escritura, estén en el nivel que estén. Ojo: a juzgar por lo que me dicen mis lectores, también TCYC sirve para desarrollar temas cuando uno tiene ganas de escribir y no sabe muy bien sobre qué.-
-¿Cómo fueron desarrollándose sus sucesivas ediciones, en cuando a difusión, respuesta de los lectores, etcétera?-
-Recuerdo que durante la primera semana del lanzamiento de 1997 pasé por la librería “El Ateneo”, de la calle Florida. Con la timidez que me caracteriza me presenté ante un vendedor y le pregunté cómo andaba la venta de TCYC. “¿Usted es el autor de este libro?”, me dijo, sonriente. “Bueno, lo felicito: ya vendí como veinte ejemplares”. Ahí me quedé tranquilo: la gente respondía. Y muy pocas semanas después el libro entraba en la lista de best-sellers de Página/12. Los comentaristas, los colegas escritores y el público fueron unánimes: TCYC servía, resultaba ser el libro amigo que yo había soñado. Además, como al pie de la nota del autor había cometido la “imprudencia” de dejar mi dirección electrónica, empezaron a llover cientos de e-mails de lectores, muchos de ellos interesados en participar de algún taller de escritura. El primero de esos mensajes me lo envió el narrador Juan Moccagatta, con quien después nos hicimos grandes amigos. Sigo recibiendo y atesorando con mucho cariño esas cartas, que no sólo vienen de nuestro país: en 1998, a poco de aparecida la segunda edición, el narrador ecuatoriano Ernesto Torres Terán, me escribió desde Guayaquil agradeciéndome haber escrito TCYC. Y así el legendario Tito La Falce, Gerente de Ventas de Sudamericana, me enteró de que mi libro se estaba vendiendo en los países miembros del Pacto Andino —“Sos internacional, Di Marco”, recuerdo que me dijo Tito, muy satisfecho—. A raíz del éxito, Luis Chitarroni me encargó que escribiese un libro similar, pero dedicado sólo a la poesía. Así nació Hacer el verso, que fue publicado en 1999 también por Sudamericana, y al que Ricardo Zelarayán califica como la primera poética de la literatura argentina. Y, pocos años después, Canela —en ese momento directora del Departamento de Infantil-Juvenil de la misma casa editorial—, me pidió lo que Víctor Redondo llama en broma la “versión pediátrica de TCYC”. De esa propuesta, que llevé adelante en coautoría con mi esposa, Nomi Pendzik, salieron dos libros que fueron publicados en 2002: Atreverse a escribir y Atreverse a corregir, ensayos que comparten con TCYC y Hacer el verso los mismos lineamientos. Por esos años, yo ya estaba ocupándome de los talleres virtuales de elaleph.com, y gestioné entre este portal web y Sudamericana la edición electrónica de mis cuatro libros sobre escritura: Atreverse a escribir es el primer libro digital de dicha editorial. Y a esa digitalización le siguieron las de Atreverse a corregir, Taller de corte y corrección y Hacer el verso, que de este modo pueden ser adquiridos desde cualquier computadora del mundo que tenga acceso a Internet, sin necesidad de exportar el objeto.-
-¿Se realizaron modificaciones en cada nueva edición?-
- TCYC no tiene cambios entre la edición de 1997 y la de 1998. En la presente, la tercera, debí hacer algunas actualizaciones: corrió mucha agua bajo el puente en estos nueve años, y muchos de los autores reporteados vieron modificada la nota biobibliográfica que los presenta. Pero, esencialmente, el libro no cambia: viene exactamente con las trescientas dos páginas que tenía la primera edición. -
-¿Cómo vive usted, como autor, esta tercera edición, que se realiza bajo el sello de Mondadori?-
-No dejo de darle gracias a Dios. Así de simple.-
QUIEN ES MARCELO DI MARCO
Marcelo Di Marco nació el 18 de octubre de 1957 en Buenos Aires, Argentina. Entre otros libros, ha publicado:
·El viento planea sobre la tierra (poesía; Buenos Aires, Último Reino, 1990).
·Televisión y verdad. Una propuesta educativa innovadora (ensayo, en colaboración con Nomi Pendzik; Buenos Aires, Fundación Las Patas de la Mentira, 1994, reeditado por ctera . Siss).
·El fantasma del Reich (cuentos; Buenos Aires, Sudamericana, 1995).
·Te alcanzaré desde mi tumba (antología de cuentos; Buenos Aires, Quirquincho, 1996, obras de Bram Stoker, Robert Louis Stevenson, Ambrose Bierce y Edgar Allan Poe).
·Cinco genios del espanto (antología de cuentos; Buenos Aires, Quirquincho, 1996, obras de E.T.A. Hoffmann, Jack London, Nathaniel Hawthorne, Villiers de L`Isle Adam y Fredric Brown).
·Si abres mi jaula, amigo mío… (antología de cuentos; Buenos Aires, Quirquincho, 1996, obras de Guy de Maupassant, Rudyard Kipling, Saki, Horacio Quiroga y Juan José Arreola).
·Taller de corte & corrección. Guía para la creación literaria (ensayo; Buenos Aires, Sudamericana, 1997, reeditado en 1998 . Tercera edición en 2006, por el sello debols!llo).
·Hacer el verso. Apuntes, ejemplos y prácticas para escribir poesía (ensayo; Buenos Aires, Sudamericana, 1999).
·Pasajeros en Arcadia. Treinta y nueve cuentos escritos en elTaller de corte & corrección (Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 2000, obras de Gabriel Bellomo, Laura Palacios y Vanesa Etimos, entre otros).
·Atreverse a escribir. Prácticas y claves para arrancar de una vez por todas (ensayo, en colaboración con Nomi Pendzik; Buenos Aires, Sudamericana, 2002).
·Atreverse a corregir. Trucos y secretos del texto bien escrito (ensayo, en colaboración con Nomi Pendzik; Buenos Aires, Sudamericana, 2002).