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4/9/2008 20:44:00
Documentos Instituto Cervantes



TV Cronópios



Começa neste sábado, na Casa das Rosas (Avenida Paulista, 37), às 17 horas, uma série de encontros entre artistas hispanos e brasileiros que será gravada e colocada no ar pela TV Cronópios. Neste primeiro encontro os mexicanos Verónica Volkov e Fábio Morato falarão sobre sua obra e trajetória, entre outros, com Horácio Costa, Amálio Pinheiro, Edson Cruz, Alfredo Fressia, Sergio Molina, Virna Teixeira, Claudio Daniel e Alan Mills. Ao final, Fabio Morábito autografará seu romance infantil Quando as panteras não eram negras, em lançamento pela Editora 34.

 

 



Fabio Morábito é autor de  Lotes baldíos, De lunes todo el año e Alguien de lava (poesia), La lenta furia, La vida ordenada e Grieta de fatiga (contos), Caja de herramientas, También Berlín se olvida (prosa) e Los pastores sin ovejas (ensaio). Vários de seus livros foram traduzidos ao alemão, inglês, francês, português e italiano. É também reconhecido como tradutor.




Los perros ladran a lo lejos.

Junto con ellos soy
el único sin sueño en el planeta.
Me ladran a mí,
despiertos por mi culpa.
Mi estar despierto los encoleriza
y su cólera me espanta.
Somos los únicos
que no dudan
de la redondez de la tierra.
Los otros, los dormidos,
han renegado de Copérnico,
por esta única vez
se han reclinado sobre un mundo plano.
Por esta única vez, todas las noches,
y así amanecen,
creyendo que la tierra no da giros
y ellos se han dormido en sus laureles.
No pueden conciliar el sueño
sobre una superficie triste,
sobre un planeta equis.
Mejor oír ladrar los perros
que amanecer neolíticos.
Más vale no pegar el ojo
que claudicar del universo.


                    *  *  *

Orejas

dos orejas: una para oír a los vivos
otra para oír a los muertos

las dos abiertas día y noche
las dos cerradas a nuestros sueños

para oír el silencio no te tapes las orejas
oirás la sangre que corre por tus venas

para oír el silencio aguza los oídos
escúchalo una vez y no vuelvas a oírlo

si te tapas la oreja izquierda oirás el infierno
si te tapas la derecha oirás... no te digo

había una tercera oreja pero no cabía en la cara
la ocultamos en el pecho y comenzó a latir
está rodeada de oscuridad
es la única oreja que el aire no engaña

es la oreja que nos salva de ser sordos
cuando allá arriba nos fallan las orejas.


                    *  *  *

El maestro pasa lista
sin mirarnos.
Después de cada nombre
se escucha “presente”.
Cada tanto un silencio: alguien no vino.
El maestro levanta la vista para cerciorarse.
Hubo una vez uno que guardó silencio
al oír su nombre,
el maestro levantó la vista, no lo vio
y puso la cruz de la falta.
El otro permaneció impasible
y lo miramos con envidia.
Tenía una cruz y estaba
entre nosotros.
No se quitó la cruz en toda la mañana.
Sin percatarse del engaño,
el maestro le pidió que leyera en voz alta
y en el salón estalló la risa.
¿Por qué se ríen?,
y todos bajamos la vista,
incluido el ausente,
que leyó con voz de ausente,
o así me pareció.
Al otro día no vino,
tampoco al otro día
y pocos días después, pasando lista,
el maestro se saltó su nombre,
después lo tachó con la pluma
y yo olvidé su nombre, su rostro y su cruz.


                    *  *  *

Veo a mi padre asomado a la ventana.
Sentado en el suelo del cuarto,

miro su espalda ancha. Aún no camino.
Qué hermoso es un padre

cuando, asomado a una ventana,
su espalda se recorta para el hijo.

Le deja impreso su mejor recuerdo.
Padre que encara el mundo,

primera puerta que nos da la infancia,
primer atisbo de que no todo es pecho.


                    *  *  *

Siempre me piden poemas inéditos.
Nadie lee poesía
pero me piden poemas inéditos.
Para la revista, el periódico, el performance,
el encuentro, el homenaje, la velada:
un poema, por favor, pero inédito.
Como si supieran de memoria lo que he escrito.
Como si estuvieran colmados de mi poesía
y ahora necesitaran algo inédito.
La poesía siempre es inédita, dijo el poeta en un poema,
pero ellos lo ignoran porque no leen poesía,
sólo piden poemas inéditos.


                    *  *  *

Benditas puertas, creadoras
de la penumbra
y del habla en voz baja,
que fue la creadora a su vez
de la escritura.
Benditos goznes que nos separan
de las bestias.
Es fácil hoy decir malditas puertas,
malditos libros,
maldita la postura erguida.
Haber bajado de los árboles
fue la primera puerta que se abrió
y se nos olvidó cerrarla.
¿Fue una omisión o una genialidad
dejarla abierta por las dudas?
El bosque nos persigue
en nuestra prosa y nuestros versos
y toda puerta que abrimos,
la abrimos todavía sobre un claro,
y cada puerta que cerramos,
aun la más inocua,
pergeña una penumbra y un secreto.
No terminamos de bajar al suelo,
nuestra mayor herida,
y a base de puertas lentamente
nos curamos.

                    *  *  *

En la playa

El viento, más
que yo,
se fuma este cigarro
entre mis dedos,
dejándome el placer
de sólo tres o cuatro bocanadas,
y el mar expropia las palabras
que te digo,
porque, acostada, no me oyes.
El sol, el viento y la marea
te ensordecen
y cuando me levanto
para dar dos pasos,
viendo mis huellas que se imprimen
en la arena,
pienso que esas pisadas mienten,
que ya no piso así desde hace no sé cuándo;
son huellas de otro
que sobrevive en mis pisadas, pues las mías
son mucho menos elocuentes.
Tú, en cambio, que me ves
completo e indivisible,
sabes mejor que nadie cómo soy mortal,
cómo mis huellas en la arena me describen
y cómo se plasma en ellas lo que soy,
sabes mejor que nadie cómo no escucharme.






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Verónica Volkow é autora de  La Sibila de CumasLitoral de tinta, El inicio, Los caminos, Arcanos, Oro del viento (poesia), La noche viuda (prosa), Sudáfrica; Diario de un viaje e La mordedura de la risa. É doutora em letras e professora universitária.



 

JARDIN

Hay en mi jardín rosas que deshojan 

un corazón abierto al descampado. 

Así es la flor, 

su desnudez es magia. 

Le pido a la rosa me guarde, 

en la fragilidad, secretos dones 

y a la espina me otorgue la humildad 

y sus manos precisas. 



Pido un techo que no tape, que recuerde 
al cielo 

y una ciudad que es nueva siempre 

porque no agota sus caminos, 

y le pido al río su fluir, 

su muerte en el instante 

que también es vuelo.



LABERINTO


Con mi vida escribo 

la huella de una estrella, 

un laberinto que encendida ando. 

Sumergida en la sombra 

mirada plena, 




Hay un vuelo que abre 

la luz en lo interno 

un caminar sensible, 

y cuidado 
del corazón despierto.



Rosario para Nadia 



Desde un interno hablar a paraíso

supo el poeta, a la rosa sin espinas

dar sonido al color y una memoria 

encendida y honda a su fragancia,

Y fue nueva al jardín; aunque ya inúmera, 

rosa súbitamente allí nimbada

con su pureza de luz y una añoranza

de estrella en su músico ovillar.



Busco un hilo de luz para esa rosa 

que en laberinto vegetal o escrito

desentraña al oído el ser más puro.



Rosa la huella digital recuerda 

en su urdido centro, vastas órbitas,

del hoy sonoro prístino concierto.










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O Encontro é uma realização do Instituto Cervantes, TV Cronópios e Casa das Rosas. 






 

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