En el año 2000 Los hábitos de la ceniza[1], libro de Jorge Fernández Granados[2], obtuvo el Premio Nacional de poesía Aguascalientes, el reconocimiento más importante en su género que se otorga en México. Su labor poética sumada a su ejercicio crítico lo convierten en un autor indispensable para comprender los diferentes rumbos que ha tomado nuestra poesía.
Jorge Fernández Granados
No es una coincidencia que las dos antologías de poesía mexicana reciente, Árbol de variada luz y El manantial latente, hayan encontrado en Jorge Fernández Granados la figura necesaria para iniciar un radio de acción llamado “nueva poesía”. Podemos atribuir esta circunstancia no sólo a su calidad poética sino también a su “representatividad” dentro del campo de la crítica: una voz seria, congruente y, sobre todas las cosas, brillante y objetiva. Rogelio Guedea, en Árbol de variada luz, ha dicho:
La loable actividad crítica de Jorge Fernández Granados no ha empañado, como suele suceder, su trabajo poético. Al igual que Paz, Fernández Granados ha sabido sortear con fortuna ambas labores, logrando con ello afirmar su condición de creador, en el más amplio sentido del término. […] La poesía de Fernández Granados es una voz solitaria y por tal motivo única, original y “extraña” dentro del paisaje poético mexicano.
Guedea señala dos fuentes de las que abreva Fernández Granados: el ejercicio poético y el ejercicio crítico. Ambas dan como resultado una característica esencial manifiesta en la poesía de Fernández Granados, pero específicamente en Los hábitos de la ceniza: reflexión a partir de la emoción. De estos dos movimientos se desprende una aguda sensibilidad vital y una amplia capacidad meditativa, surge la destreza verbal con la que el poeta ordena una experiencia en palabras. Más que recreación o reconstrucción de una experiencia de vida Los hábitos de la ceniza es el ordenamiento de la experiencia de la memoria y su relación con el mundo:
(...) La justa indiferencia de las cosas
que alumbran la memoria.
(Xihualpa)
Esta experiencia de la memoria se hilvana de manera íntima con la voluntad de un estilo en el que se mezcla la elocuencia de un discurso
Urna de otras reliquias
ante la Babilonia de cristal de los estantes
olisca el seco olor del palisandro, la resina
del estoraque (Venus)
o el aroma lunar del alhucema. (…)
(La perfumista)
con la transparencia del decir como en un contrapunto del que emergen los recuerdos:
(…) En las alturas habitadas por el polvo
reconoce, con una orientación
de pájaros, los sitios
migratorios de los frascos.
(La perfumista)
Este movimiento tiene reglas distintas pero una misma noción básica, en palabras del mismo Fernández Granados, lograr “conquistar por un instante el corazón ajeno”. La precisión en su discurso le permite describir ya sea ambientes físicos como emocionales
(…) Viajó hasta que sus piernas lo sostuvieron;
Pero en su memoria retenía con hilos
Dorados los nombres extranjeros.
(La tierra prometida)
Tanto en el verso medido o en lo que llamamos verso libre, los poemas de Fernández Granados logran desarrollar una tensión que libera eficazmente al concluir el texto. No hay extravío aunque el tema sea el desamparo y la zozobra. Hay en su voz un aire de enseñanza, de lección, en donde el texto revela un misterio; un sistema de ocultamientos en el que, por medio de la continuidad de las ideas y exploración de los estados de ánimo, el laberinto al que fuimos invitados de pronto ofrece su salida:
No puedo saber
cuánto hilo le faltará a mis manos
para terminar esta tela.
Creo que ha sido la blancura
su tenue vocación y su misterio.
La trama no es más profunda
que el azar de su dibujo
y la solitaria fe que cifra el ritmo
de mis manos a la urdimbre.
Quizás esta tela es toda para el viento,
vela para un largo viaje en la inmensura
de un lento mar que llama,
lejos.
(Los signos)
Los hábitos de la ceniza es un libro dueño de una temperatura y una atmósfera propias, nutrido por poemas situados en trayectorias de distintas velocidades y ritmos: la pregunta que busca develar el misterio
¿Dónde habita el poema?
¿Dónde hinca, fugable,
su vagorosa hondura?
(Los signos)
o el tono confesional que devasta por directo y desnudo como en el poema “Non serviam”:
No tengo intención de tener un hijo.
De verlo crecer en esas tardes en que nada espero.
No tengo frases para amarlo
cuando me pregunte a dónde voy
o de dónde vengo tan cansado.
En todos los casos encontramos una voz firme, un poeta que por momentos se convierte en un arquitecto capaz de edificar construcciones verbales de asombrosa elevación retórica, misma que descansa en los firmes cimientos de la nostalgia, como en su poema “La perfumista”; en otros instantes es como el leñador que en unos cuantos hachazos derriba nuestro corazón. Fernández Granados jamás descuida el disparo certero de su intención, debemos saber que sólo lo dilata o apresura según se lo exija su plan.
En Los hábitos de la ceniza hay un sistema de evocaciones, recuerdos, sensaciones, ideas y descripciones que funcionan como elementos necesarios para iniciar un segundo incendio experiencial: el de la memoria. Este libro es ya un texto indispensable para cualquier lector atento a las zonas en las que se mueve la escritura de nuestros días. No sólo hay en él musicalidad, destreza verbal, precisión, sino también una nostalgia que caracteriza a una generación que ha visto pasar, de golpe, el tiempo que todo lo consume.
[1]Los hábitos de la ceniza. Joaquín Mortiz, México, 2001.
[2] Jorge Fernández Granados Nació en la Ciudad de México, México en 1965. Autor de diversos libros entre los que destacan Resurrección y Principio de incertidumbre. Uno de los autores más importantes de la reciente generación de poetas en México.
[3]Árbol de variada luz. Antología de poesía mexicana actual, 1992-2002. Universidad de Colima, 2003.