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19/3/2006 23:40:00
Luis Benítez: Poemas



Por Alejandro Elissagaray









Luis Benítez nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956. Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, USA, con sede en la Columbia University. Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poetes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Miembro de la Sociedad Argentina de Escritores y de la Fundación Argentina para la Poesía.

Entre otros reconocimientos, Benítez a recibido el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); Mención de Honor del Concurso Municipal de Literatura (Poesía, Buenos Aires, 1991); Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); Tercer Premio del Concurso Fundación Inca Seguros (Poesía, Buenos Aires, 1995); Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); Tercer Premio Eduardo Mallea de Narrativa (Buenos Aires, período 1995-1997); Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003)

Obras publicadas: Poemas de la Tierra y la Memoria (poesía, Ed. Stephen and Bloom, Bs. As., 1980); Mitologías/La Balada de la Mujer Perdida (poesía,  Ultimo Reino, Bs. As., 1983);  Poesía Inédita de Hoy (Un panorama contemporáneo de la poesía inédita argentina) (introducción, notas y selección de 100 autores, Ed. NOUS, Bs. As., 1983); Juan L. Ortiz: El Contra-Rimbaud (ensayo, 1ra. ed. Ed. Filofalsía, Bs. As., 1985, 2da. ed. Ed. Filofalsía, Bs. As. 1986); Behering y otros poemas (poesía,  1ra. ed., Ed. Filofalsía, Bs. As., 1985, 2da. Ed. Cuadernos del Zopilote, México D.F., 1993); Guerras, Epitafios y Conversaciones (poesía, Ed. Satura, Bs. As., 1989); Fractal (poesía, Ed. Correo Latino, Bs. As., 1992); El Pasado y las Vísperas (poesía, Ed. de la Universidad de los Andes, Venezuela, 1995) ; El Horror en la Narrativa de Alberto Jiménez Ure (ensayo, Ed. de la Universidad de los Andes, Venezuela, 1996) ; Selected Poems (antología poética, selección y traducción de Verónica Miranda, Ed. Luz Bilingual Publishing, Inc. Los Angeles, USA, 1996); La Yegua de la Noche (poesía, Ed. Ediciones Del Castillo, Santiago de Chile, Chile, 2001); Tango del Mudo (novela, Ed. de la Plaza, Montevideo, Uruguay, 1997. Ed. Piel de Leopardo/Wordtheque, Bs. As., 2003); Jorge Luis Borges: La tiniebla y la gloria (ensayo, Ed. Lea, Buenos Aires, 2004); El venenero y otros poemas (poesía, Ed. Nueva Generación, Buenos Aires, 2005).

Obras sobre el autor: Sobre las poesías de Luis Benítez, de Carlos Elliff (ensayo, Ed. Metáfora, Bs. As., 1991); Conversaciones con el poeta Luis Benítez, de Alejandro Elissagaray y Pamela Nader (Tomo I, 1995, Tomo II, 1997, Ed. Nueva Generación, Bs. As.); Antología (selección y ensayo preliminar de Alejandro Elissagaray, 2001, Ed. Nueva Generación, Bs. As.).

 

 

 

 

Introducción a la poesía de Luis Benítez

 

La poesía de Luis Benítez ofrece la particularidad de que su estilo no pretende llegar a la mera representación de un estado anímico, sino resolver la ecuación entre las palabras, las emociones y los pensamientos. En esta tríada podemos rastrear la sustancia de su poética, distanciada de manera categórica tanto de las ampulosidades del discurso retórico como de los riesgos del intimista. Benítez no dirige al lector señales unidireccionales. La plurisignificación acentúa los planteos convergentes en sus textos y ejerce un liderazgo esencial en la elaboración de las imágenes. Cada poema -o cada verso- apunta a múltiples lecturas, no sólo desde el marco semántico, sino también desde la construcción sintáctica. La sintaxis de Benítez está dotada de una original conjugación de osadía e irreverencia formal a la vez.

Su poesía es tan gris como los interrogantes que vierte acerca del mundo. El autor volatiliza las contradicciones que exhibe la realidad aparencial, sepulta los absolutos que han predominado en la historia de la civilización (el bien y el mal, la verdad y el engaño, la paz y la guerra, por ejemplo) con el objeto de aproximarnos a un todo sintético que los unifique de modo armónico. Penetra en la raíz de la conflictiva experiencia humana en la tierra y por eso se anima a examinar las problemáticas más cruciales que nos invaden desde nuestros orígenes, como el tiempo, la existencia, la memoria y el conocimiento.

La poesía de Luis Benítez es, por qué no decirlo, algo enigmática. Nos sugiere un conjunto de pasadizos, laberintos o playas desoladas donde confluyen los fantasmas del pasado y la dolorosa mirada del presente. No recala en el futuro lejano, sino en la cercanía de lo que fue y también de lo que en la actualidad gozamos o padecemos. Se nos ocurre como un incesante juego de acertijos apropiados para despertarnos de la abulia existencial.

Estos pormenores de índole estético-filosóficos conforman el sustrato de sus preocupaciones, se hallan ligados a su necesidad de aprehender lo inasible. La sobriedad lexical y el vuelo impío de sus indagaciones no nos hablan entonces de un poeta oscuro, sino más bien de un creador de silencios que cantan los destellos del universo y el resplandor del vacío.

Sus referencias míticas, históricas y culturales nos internan en los intramundos de personajes reales o ficticios, pero integrados al caos que paradójicamente ordena al mundo. Con la emoción serena y algo desdibujada, a veces insinúa un horizonte de matices épicos donde no faltan los elementos heroicos. Como muy bien sostiene Pamela Nader “a través del mito, Luis Benítez construye una poética destinada a conectarnos con ese universo transpersonal, oculto sugestivo y más palpable que aquello que solemos llamar “realidad”.

El autor se propone contarnos historias concebidas a la manera de los antiguos relatos a los que son tan afectos los pueblos de tradición oral”. (1)

Pero el tema del mito nos lleva a otras reflexiones. Decía el crítico y traductor Antonio Aliberti, en 1990, a propósito de Guerras, Epitafios y Conversaciones, uno de los poemarios de Benítez que más difusión alcanzó en los suplementos literarios nacionales y extranjeros: “No es fácil la incorporación de tantas voces que Benítez asume con una gran dosis de naturalidad”. (2)

No hay definición más acertada que ésta para referirse al carácter abiertamente polisémico del discurso poético de Benítez, fuente de la inclusión de las múltiples voces en sus textos.

Por otro lado, si nos detuviéramos en estas profundas sutilezas discursivas, advertiríamos que la apertura de la que nos hablara Umberto Eco equivale en Benítez a la solidez del perpetuado fluir por las dimensiones de otros géneros, lo que termina produciendo en sus construcciones verbales un fino proceso exploratorio del lenguaje literario. Paradójicamente, el silencio impreso en sus versos tiene la peculiaridad de abrirse en un cúmulo de sonoridades y de determinar, a su vez, unidad de sentido y de forma. No hay lugar, pues, para la dispersión de imágenes e ideas. Los contextos se asocian solidariamente y constituyen un corpus dinámico y esencial.

Nos dice Benítez en uno de sus poemas:

 

         Solo entre lejanas cosas y sólo

         en la memoria de los suyos,

         Anacauatl El Loco edifica ejércitos futuros

         y futuras llamas que cruzarán los otros.

         Una corte de mosquitos y un puñal de roble

         tiene, pero elige con precisión sus generales:

         los hombres que mañana labrarán su furor

                                                 /en piedra

         duermen en el tiempo y en Tenochtitlán del Lago

         sin saber que un desterrado trenza lejano

         sus destinos como tranza lazos

         para cazar su cena...

                                               (Fractal, 1993)

 

Su obra poética es una incesante búsqueda, un itinerario, un conjunto de valores -es más que poesía, o en todo caso lo es desde las márgenes de lo dramático, merced a una teatralidad de ribetes míticos, pero también de lo narrativo, que aflora con su fuerza épica para resaltar perfiles humanos, describir situaciones y estructurar pequeñas historias encubiertas con la rara sistematicidad de un poeta que sabe conjugar la actitud observadora con la exaltación lírica.

 

Alejandro Elissagaray

 

NOTAS

(1) NADER, Pamela. Mito e integración, del libro Itinerarios (Conversaciones con Luis Benítez), Buenos Aires, Editorial Nueva Generación, 1997.

(2) ALIBERTI, Antonio.

 

 

 

 

 

 

De POEMAS DE LA TIERRA Y LA MEMORIA

Ed. Stephen Bloom, Buenos Aires, 1980.

 

 

DEL UTERO A LA TUMBA UN SUEÑO TE  LLEVARA

 

Del  útero a la tumba un sueño te llevará,

desnudo, el escarpín y la mortaja hechos de la misma

        seda.

Un sueño con mejillas  de pétalos que martillea en tu

      mente,

un beso helado, un golpe en la nuca dado

por un desconocido con guanteletes de hierro,

sonando tras tu puerta en el cerrojo.

Fantasma de metal tu cuerpo,

desde los cortos pantalones al bastón del viejo

transitado por extranjeros que se acercan a escrutar

       tus vísceras

y las señales del cielo con sus dedos de muerte,

verás asombrado cómo la cuchara colmada

deposita por igual besos y mordiscos en tu alma

      cóncava.

Del útero a la tumba,

clavado a la tierra que sólo se abre dos veces,

tus ojos  noviando con las fotografías

verán al niño libre de pecado y cicatrices,

diáfano, aunque su llanto presienta

y al  hierro del amor marcándote la ingle

y al molino del olvido girando, por un viento de huesos.

Del útero a la tumba un sueño te llevará,

las riendas hechas trizas en ese torbellino,

en dos segundos de setenta años,

sólo una muesca, en un reloj enorme.

 

 

 

 

ALGO FLUYE, CUANDO  YA NADA SE AGITA

 

Algo fluye cuando  ya nada se agita.

Y su paso inadvertido por las tinieblas que duermen

         con nosotros

trocará en una luz exasperada cuanto de ciega tiene

         la miseria.

Desde el fondo, pozo o pantano de números,

donde hostigados por el mundo y sus miles de cabezas

caímos quince lenguas dentro de la carne,

algo que sólo puede tocarse munido de los guantes de

         la desesperación,

algo fluye, cuando creemos que ya nada se agita.

Obliga al dolorido músculo del corazón

y al cerrado hueso de la mente

a comer y beber, aún dentro de sus celdas.

Es una fuerza que nos lleva rudamente de la mano

e inventa un camino de color insólito,

por donde huimos desnudos de los ciegos.

Obediente, ella agitará los párpados de los muertos

y hará huir a la mosca-heraldo, que espera paciente,

         colgada de la gula.

Colgará de nuevo el sol, cuando la luna caiga.

Podremos verla latir en medio de nuestras negras

         sombras,

aún cuando boquiabiertos, observemos día a día

pasar nuestros propios funerales.

Algo fluye cuando ya nada se agita.

Por su gracia habrá fruto en las flores marchitas

(su magia gruñirá en la vértebra)

lanzará por el aire ancianos y guadañas con pasos de

         diluvio;

nuestras jóvenes canas se ennegrecen,

ante el silbato de plata besado a último momento

con manos temblorosas que arrojan al viento de los

         lechos.

Y cuando nuestros pálidos huesos

den fuerza y vigor a las margaritas, aún palpitarán

desde la tumba.

Porque algo fluye, cuando creemos que ya nada se agita.

     

 

 

 

De MITOLOGIAS/LA BALADA DE LA MUJER  PERDIDA

Ediciones  Ultimo Reino, Buenos Aires, 1983

 

 

        

LOS   MIEDOS

 

ah los terrores  que nos visitan de noche

que no se ocultan del día

los que no inspira ninguna cosa grande

ningún desconocido continente pisado recién el

          borde

ni tampoco un leal enemigo

francamente buscado en una tapia

ni el asombroso eclipse que deja el mediodía en

          sombra

ni un terrible Señor de los  Ejércitos

en desiertos abrasados por el sol de los pueblos

          aventureros

ah los miedos los pequeños miedos de pequeños

         hombres

no los miedos que eran a su modo honra de un

         animal

desnudo en la enorme extensión de cosas que no

         tenían nombre

no a estar solo y de pie

entre un inmenso campo y un inmenso cielo

no a la sombra adornada de ojos fosforescentes

a la muerte de noche

entre los dientes del animal más bello de la tierra

una muerte de hombre

no a la caída propiciada por el rayo

al torrente al alud al fuego de la tierra

ni al otro fuego prometido debajo de la tierra

ah los miedos que no origina

un dios terrible salido de la foresta

ni un pariente medieval con su cohorte de brujas

         y de fetos

no el sudor frío frente a frente espada contra

          espada

flecha contra winchester dardo contra lanza

ha cambiado la muerte de palabras

no es la certeza de una lluvia ardiente

ni el pronóstico que un insecto lleva entre raíces

al fin también una buena causa como la antigua

          peste

ah los miedos que tú conoces

y que son los míos exactamente ésos

no se ocultan debajo de la cama

no precisan el crujir de la madera el aullido de

         nada

pueblan nuestros sueños de rostros y de notas

ellos duermen y caminan con nosotros

beben se alimentan vuelven siempre.    

 

 

 

INFANCIA DE LA MARAVILLOSA

 

Y allí estabas, viva,

venías de los candentes países que no recuerda nadie

sino en el íltimo minuto, al inicio del tiempo estabas

entre la sangre y la luz como una llorosa perla entre raíces,

allí estabas luego de la larga agonía entre dos respiraciones,

luego del largo túnel y el sueño donde eras una sola Humanidad,

¿recuerdas? un minuto antes eran las calles de Ur,

la turbia prehistoria, el ciclo de la savia a la sangre,

la desnuda inocencia de un mezclado universo donde todo                                                                                   convivía;

¿recuerdas? oh sí dime que lo recuerdas largo y centellante amor                                                                                             mío,

dime que te acuerdas de tu rostro en un lago que se secó hace                                                                                                       siglos,

que memoras la sangrienta imagen del interior del útero

donde toda la historia pasaba veloz por las paredes

y dime que te acuerdas de alguien que te amó

y que no era yo y que era un fenicio, un tirio,

un hombre de lejanas edades y de tu vestido

desgarrado en la cámara del rey.

Yo hablaré del tiempo en que te he reconocido,.

como reconociste al fuego, ese movedizo compañero

que te entibió las manos, que te quemó los dedos.

Tenías dos años, ¿recuerdas? Dime que recuerdas,

un pesado secreto puede hacerse pedazos tan sólo por ese olvido,

dime que te acuerdas de hombres y mujeres gigantes

y de paredes enormes y así sabré que es cierto:

antes, en ese tiempo, danzaba el tiempo

y tú corrías como corrimos todos detrás de duendes y de hadas

que se tragó un lento movimiento hacia nosotros,

hacia estas manos y rostros que insultan el espejo.

¿Tienes presentes a tus muñecas? ¿Te acuerdas de la negra

que odiabas y de la deshilachada rubia que veías,

porque tú la veías, no es cierto, llorar sobre tu falda?

Y los pequeños animales, los míticos y los otros,

formaban el cortejo de una niña sola.

Te acuerdas del miedo, ese viejo emisario,

te acuerdas de la sombras en un rincón del cuarto,

de la horrible lámpara que te hacía llorar.

Allí del miedo nació tu risa, ésa que yo solo puedo ver,

ese gesto infinito que borra la muerte de las edades,

esa revancha del hombre sobre el polvo que será.

Y allí seguías viva sobre un billón de muertos,

sobre todos los muertos y nada detenía el pujar de los huesos,

el avance del cuerpo entre los cuerpos, la lanzada

mente hacia la luz corría, entre precipicios y sombras

y entre sangres y olvidos de lo que eras ayer, venías,

sí, tú venías atravesando tu espacio, tu forma, tu materia,

eras un universo en viaje a través del universo.

Pero de dónde vino ese rostro a preocuparme de sí,

de dónde ese olor que se ignora a sí mismo, desde

qué entonces sutil ya te conocía.

¿Te acuerdas de un aula donde ya eras callada y peregrina

entre papeles y canastos y mapas?

Hoy la mitad de esos niños son fantasmas

que erran por el mundo,

ellos no te recuerdan y sin embargo envidio

su inútil privilegio:

el haber visto en flor tus ocho años

cuando el inocente trazo del mundo era feliz.

¿Recuerdas? ¿Recuerdas la jirafa de un domingo lluvioso

de la mano de tu padre? Bien, yo envidio

a ese alto animal que se sonríe siempre,

porque te vio una tarde, hace ya mucho.

El amor es dadivoso: nos da lo irreparable

y no se vuelve a ese ya nunca donde vivimos tanto,

aunque por qué no gozar la fruta de la memoria.

Todo es suponible y yo supongo que esa manchada,

elevada arquitectura, desde su tiempo sin límites

es la misma que vio lo que ya jamás podrás mostrarme:

esa alma primera que todavía, entonces,

hablaba con todos los animales y el centro de las cosas.

¿Pero de dónde vino este rostro a llamarme

desde un tiempo ido que ni él recuerda

aunque nunca lo olvida?

¿Pero de dónde, dónde?

Los objetos, las llaves, los cuadernos, las aves, los insectos,

las nubes de los cielos que hubo, los paisajes

donde hoy se han derrumbado casas y se han sacado muertos,

las noches y los días por los que has caminado sola,

vuelven en cada medianoche, en cada mediodía,

vamos a llorar sobre esas imágenes,

vemos a gritar sobre esas imágenes y sobre el mismo llanto

que no reconocemos: un hombre, una mujer

que se han perdido son una victoria más

de un cerrado círculo, la sombra sobre la luz

traza su cono arduo, hemos perdido ambos

esta guerra infinita. Hemos perdido ambos lo más preciado:

a un desconocido.

Yo imaginé tu infancia.

Yo fui valiente.

 

 

 

 

 

De BEHERING Y  OTROS POEMAS

Ed. Filofalsía, Buenos Aires, 1985.

Ed. Cuadernillos del Zopilote, México D.F., 1993

    

 

BEHERING

 

En cada uno de ellos era muchos un hombre.

Eran más todavía. Traían la industria de las armas

y el reno rojo, como un bosque ondulante

y detrás el lobo que, en una mañana ya añejo,

sería el perro de la hoguera y de las sobras,

el sirviente blanco.

Eran muchos, no un hombre.

Vagos sus nombres

se referían al viento y a los tótems,

a un hecho que pasó en un nacimiento,

el deshielo que ahogó

o el meteoro fugaz que ardió en la tundra

o la muchacha audaz que en mar abierto,

salvó a su hijo de la cólera  brutal de la ballena.

Sus dioses eran el salmón

que cada año retorna como el año

y que va al mar y el oso pardo,

una montaña que muge

y que el filo de lanza abate,

y el pesado bisonte y el tigre rayado,

que se quedó en Siberia

y que la manta del navajo evoca:

extranjeros, ellos serían América,

la múltiple figura que no supo Balboa y que Pizarro

abandonó a la imaginación de un franciscano.

De hueso, no de madera y de noche

serían sus dioses ni de la piedra

que labran los pueblos de una tierra supuesta,

entre la niebla  de sus transmigraciones.

Eran crueles y antiguos como el Asia;

fundarían imperios en la aurora y en México,

reinos en Bolivia, fortalezas

donde un signo inequívoco mostrara

la voluntad de estos dioses:

un águila en el aire arrebatando la serpiente,

un árbol singular, como un recuerdo

de las llanuras heladas y el Mar Blanco,

que ya sólo evocaban los viejos moribundos

y el Sueño, que es eterno.

Alzarían Tenochtitlán, el Cuzco

y el enigma silencioso, Tiahuanaco,

en la isla de Pascua graves rostros

que contemplan todavía su gran marcha;

otros, sin embargo, volverían

al corazón de las selvas y al olvido,

como los muertos al pasado,

al país de la cuna y de las tumbas.

Mañana, todavía, aún faltaba,

nuevos extranjeros alzarían

ferrocarriles, calles, edificios,

calendarios regidos por el sol y no la luna,

venidos de otros Beherings y otras fechas,

en nuestras claras ciudades, oh ingenuas tierras,

seremos siempre dobles:

uno solo y muchos, hombres de ninguna parte.

 

 

 

 

 

 

JUBILO Y CAIDA

 

Armonía primera allí te vi, no era necesario

mirar las partes de tu reino entero pero allí te vi

y no quise detenerme en tu orilla, tu orilla

que está en las simples cosas llenas de tu ondulante sombra.

Qué delicadamente, luz en la luz, centro del día,

te corporizas o elijes una sencilla forma cuando nos prestas tus                                                                                               ojos

y cómo un eterno amor nos lleva de la mano

a tus criaturas, allí donde eres sí,

en lo animado, la infinita danza,

la queja misma de cuanto existe.

Alta serenidad todo es tu vaso y cada uno

declara tuyo un color nuevo. Es abril

de un año que para ti no cuenta y sin embargo

un dulce calor te trajo aquí a mi lado. Era yo apenas

una certeza esta mañana y la espuma del sueño

y los lados del día se apagaban en mí.

Bastó pedir, correr a tu contagio,

para que un soplo sobre las cenizas que empolvaban las cosas

encendiera de nuevo el mundo de carbunclos,

las amatistas del aire... ¿las múltiples facetas

de tus brillantes vidrieras, de dónde vienen,

de qué sima profunda o de qué cima pública y expuesta,

de qué otro tiempo apenas visitado,

apenas entrevisto en el fuego del fuego?

 

Peor ayuno no hay, que el que hay de ti.

 

 

 

DE LAS TANTAS COSAS QUE NO PUEDE

 

De las tantas cosas que no puede

mostrar ciertamente la palabra,

la primera imposible es el olor

tan propio y exacto de las cosas.

 

La poesía también es como el aroma.

 

Así quedan sin nombre

el olor definitivo de la lluvia

y el efímero matiz que se respira

al asomarse a las sombras de un aljibe;

el olor del primer mar, a los seis años,

la fragancia, que nos asustaba, de los cielos nublados,

y el olor a comida de una casa

que nos fue querida.

La memoria tal vez sea

sólo visión de olores olvidados,

como este papel a donde llamo

a la presencia ardiente de unas hojas quemadas

y a la clave del enigma de la rosa;

al olor de las sangres

que no vi derramarse,

al olor del incienso y al del alcanfor,

un olor que resplandece;

al de las jóvenes mujeres en los baños públicos,

al de las monedas, que abandonan la mano

y que retornan, al de la tierra de Pinzón

una mañana de octubre, al de los gatos,

al olor milagroso de las cosas vulgares,

de las que apenas se comprende

que emanan la noche poderosa,

al de un río que corre lejos

y al que sin razón evoco,

al de la palabra marisma, al de retablo,

a los de esta mañana

que partieron a un país sin dónde,

al de una muchacha que se fue,

el 2 de noviembre de 1982,

para que mis palabras

pidieran el perfume de unos versos

y me quedaran la fecha y la balada,

el de las ballenas que tiñen

la espuma de aceite y de tamaño,

el de un hombre que hablaba del origen del día,

al de las tantas cosas

a las que no pude acercarme y que me esperan.

Son otro mundo más sobre este mundo,

veo el bosque y entre el bosque

la selva del aroma.

Yo me voy de los hombres y las cosas

como un salvaje que marcha a las ciudades

y dice adiós a su mundo de olores;

también a mí ellos vuelven

bellos y pesados como un remordimiento.

Serán desde estos versos mi memoria,

seguirán sobre el mundo

cuando me haya muerto.

 

 

 

 

 

De GUERRA, EPITAFIOS Y CONVERSACIONES

Editorial Filofalsía, Buenos Aires, 1989.

 

 

 

LAO-TSE PREPARA  UNA SENTENCIA

 

Nada de lo que diga

Puede desviar la caída de una hoja.

Una palabra no

Frenará la otra.

Es inútil que a éstos

Que me escuchan dedique

Una verdad: la harán pedazos.

De sus pedazos nacerá Lao-Tsé.

 

 

 

EL PESCADOR DE PERLAS

 

Esta tarde y parte de la noche

volví a sumergirme en el espeso mar

donde flotamos los seres  y las cosas.

Bajé por perlas que mostrar a los hombres

que temen siquiera el riesgo de la orilla.

Esta tarde y parte de la noche

estuve en ese silencio, en esas profundidades

donde el más infinito placer sería disolverse

y supe que en todos los caminos

hay monstruos para quien los teme.

Llegué nadando adonde no se ama ni se odia,

sencillamente se flota sobre un eterno presente

y todo lo que miras es tu contemporáneo:

nada más traen las olas del atrás y el adelante.

Tomé allí esta perla y ahora te la ofrezco.

Pero cuando quise volver,

no vi a ningún hombre en la orilla.

No vi orilla. Todo es el mar.

Esos que temen la orilla

no saben que caminan en el mar.

 

 

 

 

 

 

 

EPITAFIOS

 

Juan Arturo Nicolás Rimbaud:

¿junto a qué sagrado terror

por lo entrevisto, navegó por tu alma

la certeza atroz de perder para siempre

la visión, al abandonar la Ciencia?

Ya no hubo tiempo, ni otra oportunidad

de contemplar aturdido el incendio de las estrellas,

para traducirlo al hombre ya no hubo tiempo.

 

 

 

 

De FRACTAL

Ediciones Correo Latino, Buenos Aires, 1992

 

 

 

LOS OJOS DE RIMBAUD

 

Azules, de bárbaro. Hoy cantan para ti

los suaves trinos y en el taller literario

adelgaza la voz el papagayo: conmovida

endulza las Grandes Miradas su lección de confitero.

De este lado rezamos por ti hincados ante un lobo:

que la bella ciencia es una habitación que da a lo oscuro

y el hombre, ese acertado inconstante,

es apenas unos pocos pasos que por ella van y vienen.

Hoy que las profesoras de letras olvidaron todo

lo que saben de ti los presidiarios

y el vago que, a riesgo de ser aplastado por los automóviles,

detiene la metáfora de su paso por recoger el milagro

de una hoja, sin alcanzar a explicárselo;

hoy que apenas los ascensoristas

se levantan de entre los demás,

hoy que esta loca materia aparece ahogada y vencida,

como lo estuvo siempre, como va a estarlo siempre,

flotando sobre las aguas de los números;

hoy que en tusa selvas vírgenes arraigaron los casinos

y suena música disco en todas las Africas tonantes,

hoy que en la calle 88 y Broadway una horrible fulana te pasea

impreso en su remera, sonriente con toda la Gloria Americana,

hoy que encuadernado en cuero y con letras doradas

te exhiben los dentistas en sus huecas bibliotecas

y te honran a su modo, repartiendo venenos por las calles

del mundo los ágiles traficantes,

hoy que caen los muros y todas las posteridades se desploman,

hoy que la Historia, esa vieja enemiga,

se ríe de nosotros diciendo que no existe,

como en tu tiempo repetía el Diablo;

hoy que los blandos músculos de los diputados

pueden arrojar al mar, si quieren, a miles de forzudos extranjeros,

hoy que la tímida democracia probó ser más efectiva que los                                                                                         reyes,

hoy que todos por fin somos buenos

y alza su copa radiante el rosado, negro, amarillo y cobrizo

banquete de la vida, más allá

de los caritativos grupos que intentan el soneto,

a través de las bibliotecas barridas por el polvo y las secretarias,

sin dactilografía ni voz ni esperanza ni objeto,

cruzan las geografías dos luces gruesas y potentes

anillando la Tierra. No por el símbolo sino por la mirada

eres como el dios de plástico que cuelga de su pared el asustado,

para que esos Ojos le sigan por la casa. Para nosotros

los mínimos, para nosotros los pocos, para nosotros los débiles,

que sólo queremos estar ociosos, tus párpados están

siempre abiertos, hermano desdeñoso,

Jesucristo el Terrible,

hoy que es una vergüenza tener hambre

siguen mirando lo mismo tus fanales salvajes.

 

 

 

 

 

UNA AVISPA CRUZO

EL HIMEN DE LA VENTANA

 

El astuto animal fue ingenuo dos horas por la casa:

antes del polvo de las cosas tocó los helechos salvajes,

los gruesos valles del jardín diminuto,

la piedra que es llanura de lava para su  ojo infinito:

un viajero aprensivo por las habitaciones casi desiertas

alentó inútilmente las plantas prisioneras,

rondó la cabeza del perro semidormido

que lo espantó como a un remordimiento.

La antesala fue el Cañón del Colorado:

antes sus poderosos antepasados visitaron

otras comarcas ausentes de follaje.

Fue curiosidad: Rousseau no pensó

en la avispa negra que anida sólo en tierra

cuando  labró la  cara del salvaje conveniente, bondadoso;

curiosidad de ver dónde desova su estirpe

y  cómo amasa el barro de sus habitaciones el gran animal

          blanco

que le teme y espanta desde el origen del tiempo.

Armado activista de otra casa,

antigua, abandonada,

donde fuimos el intruso,

curioso, como una avispa negra.

 

 

 

 

EL MAR DE LOS ANTIGUOS

 

No volverá jamás el mar de los antiguos

a rebañar las costas creadas por sus olas.

Un año de ancho, una vida de largo,

se sumió en la honda bocanada del fondo.

Con él las bandas de Erik el Violento

y la pacífica vela de otro ladrón, fenicio,

doblaron para siempre ese horizonte blando

y abajo el precipicio que los tragó

a todos como se cierra un libro.

Ni el ceñudo pirata que un día fue

estatura y bronceado y sombra,

ni el traficante sofocado bajo tricornio y títulos,

tuvieron el poder de detener

aquellas otras olas que se llaman horas;

menos el múltiple ahogado, ése sin nombre,

puede asomar la cabeza ahora

para su intrépido persistir

bajo la luna, a solas.

Ah mar de Eneas y de Ulises

que no eras éste y eras

la cuna del delfín y las especias

y el camino del oro y siempre, lo Otro.

Qué portugueses y españoles eran

cuando eran los que eran en el mar.

¡Y el junco de esa otra historia, la ignorada,

que salía a él bajando de los ríos

como una rama armada de astrolabio,

con hombres amarillos bajo la tensa seda

guardando sus secretos, sus caminos y sus signos!

Veo entre peces voladores

cabalgar la trirreme del romano

y al bajel del griego salir de la zozobra;

todas esas ambiciones que iban tras las Hespérides

encalladas en el arrecife del Minuto.

Y la Sirena, el paganismo de a bordo

recubierto de escamas y colocado fuera,

y el oficial Leviatán del Viejo Testamento

condensados en la ballena blanca

que surcó todavía, en mil ochocientos y tantos,

el querido inolvidable mar de los antiguos.

 

 

 

 

 

DEJA QUE HABLE EZRA POUND

 

Si no tienes nada que decir cállate

deja que hable Ezra Pound

desde las sombras el espléndido anciano

desde la fina línea de agua

el magnífico anciano

te muestra los genuinos billetes de su fortuna

y todos brillan legítimos peces

de un río infinito que sí

ése nunca se detiene.

Si no tienes nada que decir cállate

los altos caballeros las damas abigarradas

que vivieron y murieron y nacieron por esta sola causa

no pueden tener al lado

el tartamudeo de un enano

la cojera de un monedero falso

que delata que el oro de sus verbos

carece de aquella delgada línea de agua

esa finesse salvaje la impecable mancha

que no adorna la cabeza del animal escrito

-que cruza sólo un instante por el papel-

sino que sale de adentro del animal desfondado

de las vísceras vivas donde corre la sangre real

-ésa de donde proviene el color del colorado-

y palpita afuera como un monstruo de luz

como una imagen sin otra capilla que cada cosa

de cada universo posible e imposible

la que podría muy bien ser adorada

de pie y sin velos sin altares ni nada

-ni siquiera acólitos-

bajo el nombre de nuestra señora de los verbos

nimbada de estiércoles y nervios

de eclipses y novas oh tú

alta y baja sublime maliciosa

poesía que reinas sobre la amplia noche

y el delgado día

 

 

 

 

 

 

De EL PASADO Y LAS VISPERAS

Ediciones Aleph /Universidad de los Andes, Venezuela, 1995.

 

 

 

CESAR VALLEJO

 

Por los corredores de la imaginación ir caminando,

libre y solo para siempre, como cuando era

y no sabía que era un niño,

hasta olvidar que estoy imaginando.

Que esta carne pesada, que orina y suda,

en una o dos ideas se resuma

o vuelva bien atrás, a esa casi nada

que casi nada ve en su cielo nublado.

Devuélveme al chimpancé o hazme sólo literatura,

mas no me dejes la condición de hombre.

Esto que todo lo pesa en mí

afuera no pesa nada.

 

 

 

DE LO QUE HUYE

 

Pensar que Spinoza murió puliendo lentes.

Que Blake se fatigaba en una imprenta

esperando la conversación de ese día con los ángeles.

Que por vivir Baudelaire se humillaba ante su madre.

Que Rimbaud fue silenciado por Rimbaud,

para que este ingenuo me hable de la literatura.

Como si posible fuera otra cosa que inventar

ante otros la forma de lo informe

y cobrar un salario. Qué persuadido está

de lo improbable. Esas palabras

han erigido congresos y simposios

y prestigios y famas quizá más perdurables.

Y en el centro, el errante, de esta cosa mundana,

ese brillo salvaje que por disfraz,

por burlarse o por escapar aun más

del terco intento, ha inventado

también estas criaturas, seguro

ríe en alguno desde el fondo de la sala.

O mira con piedad su simulacro.

 

 

 

 

 

 

De LA YEGUA DE LA NOCHE

Ed. Del Castillo Editores, Santiago de Chile, 2001

 

 

 

 

VEO A UNA MUJER MAQUILLARSE

 

Veo a una mujer maquillarse cualquier mujer y cambia

primero está pensando en otra cosa (porque cuando una

                                               mujer

comienza a maquillarse aún no ha separado este acto

                                               del resto del día)

 

Pero luego disponiendo los objetos varios que la

                                               ceremonia

determina preciosamente en su exacto lugar en torno de

                                               sus manos

la mujer sabe que algo ha ingresado de nuevo a este

                                               mundo

Se abstiene sin embargo de nombrar eso que viene

Polvos cremas pinturas para la delicada construcción

lápices que escribirán otras palabras que estas

palabras que intentarán decir a la que esconde

La otra como ella se ve debe ser dibujada por esta la que

                                               se asoma

al espejo para verla

Ella está como tímida ante su hermana mayor que

                                               insiste insiste

“sácame de la nada invócame haz que nuevamente sea

entre los seres las horas y las cosas

haz que sea nuevamente entre los hombres

sí sobre todo haz que nuevamente sea entre los hombres”

Y la pequeña se somete al llamado de la grande y la saca

                                      y la dibuja en el espejo

Del otro lado se queda ella colocada en el dibujo

Polvos cremas pinturas lápices el instrumental es el                                                      mismo

de todas las ceremonias semejantes

quien fabrica estas cosas sí que sabe lo que hace

Veo a una mujer maquillarse y me fascina

Por su parte y como siempre la mujer sólo está fascinada

                                               por sí misma

Nada ni nadie existe ni cuando se acerca al espejo

ni cuando está ante el espejo ni cuando se quita de él

Extraña especie tan cantada y sorda

Navega por la vida atada a su poder y lo puesto en sus

                                               oídos

lo colocado ante sus ojos lo concentrado en su boca

                                               la salva de caer

Será por eso que ante una estamos siempre solos

Enigmas de lo que no puede caer

Ahora traza una línea ha dudado no por no saber sino

                                               porque

conociendo el significado de la ceremonia goza de lo

                                               preliminar

ahora traza una línea y divide el día en dos

Ya fue hecho lo demás es desarrollo una línea azul oscura

                                               apenas un trazo

sobre el ojo izquierdo que ha sido completamente

                                               transformado

Ya no es un ojo humano no es el ojo que vino con ella

                                               del vientre que sabía

que paría a una mujer sino un ojo de ella

definitivamente suyo

El ojo mira al resto en el espejo y está satisfecho

parpadea para alentar a la mujer

La otra la mira desde ese ojo donde ya se asoma y

                                               vigilante

la obliga a lo demás

Sin embargo la mujer hace una pausa a medias

                                               maquillada bebe

una taza de té hay un placer en eso de andar

a medias maquillada por el mundo

Paralelamente es como demostrarle todavía a la otra un

                                               diminuto poder

una ligera potencia que alcanza a diferirla pero que no

                                               podrá evitarla

Cosa que ambas saben y agradecen

Pero finalmente también el ojo derecho cambia y la otra

                                               ya ve

perfectamente en el espejo ahora es ella la que ve

y la primera mujer se va yendo lentamente trazo a trazo

Hay unas cremas castañas untuosas con las que las                                                     mujeres cambian de piel

no oscurecen la suya sino que sacan la otra piel de las

                                      mejillas la dejan asomar

Ignoro por completo el nombre de ese ungüento como

                                      ignoro los nombres

de los otros elementos de la ceremonia porque ellos

                                      y sus nombres

pertenecen por completo al otro mundo

El que convive con el del hombre en esta tierra y en la

                                      historia

Nombres cosas términos precisos que no podemos

                                      comprender

que vienen de otra lengua que son dichos en otra lengua

mucho más sugestiva que la nuestra

una lengua que está hecha para usarla en voz baja casi

                                      susurrándola

Porque no pertenece al universo de las grandes

                                      expansiones sino

al de la reserva al de lo íntimo lo cerrado

En esa lengua hablan entre sí las mujeres y hablan ante el

                                      espejo con la otra

Donde un gesto quiere decir otra cosa donde ninguna

                                      palabra

se corresponde con las nuestras allí en esa lengua una

                                      mujer se maquilla

y nosotros creemos que se adorna

Ante el espejo todo ha sido consumado y la otra ya está

                                      en este mundo

la mujer anterior se ha ido y esta es la que se mira entera

Mueve alternativamente un músculo sonríe levanta o                                           inclina la cabeza

como un actor que calcula sus fuerzas y ensaya

                                      previamente movimientos

Esta mujer otra mide ante el espejo sinuosidades gestos

                                      pausas

A solas previas únicas estas gesticulaciones son como los

                                      arquetipos

que viven perfectos en el mundo de las ideas pero luego

                                      se plasman en número

Repeticiones de cada uno de estos movimientos serán                                                            lanzadas

con alevosa precisión sobre el mundo de las cosas

Se incorporarán a él sin perder su condición de extrañas

La mujer no es sólo ella sino también sus gestos además

                                               del cuerpo

ocupa el alrededor del cuerpo la habitación el lugar

entero donde se encuentre

Como esta mujer la otra que todavía se mira un poco más

                                               en el espejo

máscara de la máscara  ficción se cree que completa

 

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