El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas.
Ludwig Wittgenstein
Tarea en entredicho
Dar cuenta involucrar
los hechos probarles
la existencia
de palabra
por fuerza
casi
nada:
veinte años atrás
todo tuvo la forma
que no tuvo
salpicada
mordida
de una orilla.
Escribir
Escribir para ser una, para echar cuerpo. Pero antes, tener que hacer mil cosas. Por tanto: para ser una, hacer mil y una. ¿De qué escribir? De una cuenta que no cierra: para llegar a una, pasar por mil y una.
Escribir es una finalidad que se transforma antes de ejecutarse. Se escribe para llegar (para poder llegar) a ser quien se es. Pero para alcanzar el objetivo deben ser alcanzados y dejados atrás muchos otros. En consecuencia, llegar a ser quien se es resultaría ser el objetivo del objetivo del objetivo. Una aguja en un pajar.
Una va y hace toda la fuerza que puede para adelante. (Escribo adelante porque pienso que el pasado es lo que se deja atrás.) Se hace fuerza para que la voluntad de escribir no se achique con la postergación. Se posterga porque sólo en otro lugar (que me imagino adelante, es decir, después) se podría escribir, ya que aquí no se puede porque siempre hay cosas que hacer. Pero el deseo es tan empecinado que hace fuerza, igual. Sólo que el movimiento de tracción, sostenido, que no cesa, que no debe cesar, transforma el movimiento. Puede desviarlo en busca de un atajo que adelante para el costado cuando todavía estoy atrás. En consecuencia, tanto atrás como adelante, escribir quedará marcado por el drenaje de energía puesto en propiciar la ocasión, aguardarla, saber darla por perdida y volver a propiciar el momento de escribir, es decir, de echar cuerpo. No habrá tema que sea más suyo que ése. Ni avance de una página sin marcha atrás.
Vuelvo al principio. Escribir es una finalidad que se transforma antes de ejecutarse porque las demoras, sustituciones y desvíos de los sucesivos planes de ejecución devoran energía de espera como si esto - perder tiempo haciendo cosas que hay que hacer, en lugar de lo que de veras hay que hacer- se impusiera como finalidad provisoria de la finalidad.
Si ese esfuerzo por sacarse de arriba los obstáculos que cada día pone en el camino del proyecto de escribir se vuelve carrera de obstáculos, no se podrá llegar a ser quien se es, por el buen camino. Entonces se escribe sobre esa imposibilidad. Por el camino que sea.
En ese caso, quizá hasta cambie la dirección del gesto: escribir para volver a lo anterior a todo. A la manada. Para refugiarse del hostigamiento hacia adelante que obliga a andar echando cuerpo a marcha forzada. Ir a echar el cuerpo en el pasto. Escribir en el aire.
Palafitos
Las palabras se sostienen en lo que no está dicho todavía, en lo que está dicho a medias y en lo que no se puede decir.
Respeto el silencio a que está obligado el significado. Esa templanza que debe conquistar junto con una vida más larga, siempre, que la circunstancia en que nació. Es la capacidad de esperar pero sobre todo la de ver morir la circunstancia en la que adquirió él mismo forma y vida, y negarse a morir con ella; la de animarse a romper los lazos de la fraternidad con su origen sólo para demostrar en el único terreno posible - que es el de la contemporaneidad con la muerte y el de la convivencia con el desgaste- cuánto valía algo propio. Algo que él, por añadidura, tenía.
Me identifico con ese destino de lo que quiere vivir en tierra firme aunque le haya tocado una existencia lacustre. Ese destino exige aprender a morir las veces que sea para ahorrar fuerzas y volver a gastarlas pagando el derecho a la vida cuantas veces haya que hacerlo. En esa lucha por la vida el más frágil de los significados se vuelve fuerte. A fuerza de lucha. Productivo, a fuerza de economía. Combustible, a fuerza de sobrevivir en los pantanos.
Migrar
Expulsada de mi matriz
de aquella
antigua acequia
alhambra
jardín de pariciones / alforjas de alhucema de alhelí
caí
en cuerpo trasero.
magro
solar / trastierra.
Echada fuera de mi
útero
extirpado
desnací.
Areté
Se ponen del lado de Aquiles porque un rey prepotente merece ganarse adversarios. La arenga de Aquiles suena bien todavía: “aunque mi parte del botín nunca iguala a la tuya yo vuelvo a las tiendas teniéndola pequeña pero grata después de haberme cansado en el combate”. Le da un aire común al reclamo del semidiós que es inferior a un rey a la hora de los beneficios. Aquiles reclama su derecho al reconocimiento; el reconocimiento público del valor de cada uno es la areté. Él la defiende con el aplomo con que hoy se reclamaría, cheque en mano, un pago bancario negado. La areté es algo que se “aísla” –se comprueba que existe- en una clase de literatura, así como en la de química se aísla un elemento en el tubo de ensayo. Algo que no se olvida.
No existe otra palabra que ayude a ver qué es eso, a qué se debe eso que le venía pasando a una y que no se sabía qué era: ser defraudada por la indiferencia de los demás. Y que la indiferencia era, directamente, injusticia. Y que tres mil años atrás, era ilegal.
Los hombres
juegan en equipo. Esa práctica
de dividir al medio y tener de rival
a una mitad y a la otra de aliada
es jugada
maestra. Ordena
el mundo.
Vende
locus
amenus.
De talud
a tribuna numerada.
Describir
La clave de la operación es el menudeo, la administración fraccionada. Se transacciona desde cada dato. Describir es romper la soledad de las impresiones únicas. Desgastar el imperio del sentimiento. Verlo mezclado. Hacerlo entrar en las reglas de la vida corriente.
Un sentimiento nunca es uno solo. Hace falta tacto de ciego para palpar ese nudo. Otra razón que justifica tomarse el trabajo de entrar en detalles.
Dios escribe derecho
por caminos torcidos. El poeta
no concede entrevistas/la sala da
cobijo. La lectura nos guarda con su fanal oscuro.
Una voz de zapatos arrastrados
en los sótanos de la garganta. Esta es la noche
quien no pudo
sentirla
así
no la conoce. El poeta cocea. Lee.
Lee.
Arrastra por la noche su garganta. Arrastra con las letras airadas
la dolor. La entera
cabellera
de andrómeda o de
madre que
peinaba con mano
que escribiera
ahora pasa las páginas
de la vida
que fuimos. Qué. Piragua agua estelada
barca. Qué. Asaltantes
del cielo. Hijos de las metáforas.
Lirios del campo. Briznas. El pasto de las fieras.
Cuerpos vivos. Vivíparos. Hijos
de la palabra. Rezumos de la voz. De todo lo que fuimos
queda lienzo.
Una tela del alma
sin usar.
A ciegas
se la escucha rozar
en el regazo
mientras la voz humana
mana y la beben
los ojos y la
acechan
las trompas del oído
y el
escuchar vuela se va
tras
las bandada oscura
de las páginas
abiertas de Juan
Gelman.
Hijos de las metáforas
las ideas
no se matan un fantasma
recorre Europa toda Dinamarca
es una cárcel
hay algo entre la tierra y el cielo que no había soñado
tu filosofía
no nos bañamos dos veces en el mismo río
todo lo sólido se disuelve en el aire
en el tren del
progreso
(una laguna lúgubre
de monedas de plata) el tiempo es
oro dadme
un ordenador
y os daré la globalización
navigare necesse
dadme mi caballo
Descendientes de
imágenes:
el que no tiene
nada
lo tiene todo sólo sé
que no sé nada no tenéis
para perder más que
las cadenas
la poesía
no se vende
porque no
se vende
la poesía tiene como fin la verdad práctica
la poesía es del que la necesita
la poesía debe ser hecha por todos
el paisaje es un estado de alma el pueblo / unido / jamás será vencido
quedará en la leyenda / esta guerra este volcán / los días de balachaiev / los soldados del soviet
/ los días de balachaiev / los soldados
del soviet /
Cuando despertó el elefante todavía estaba allí.
Nada de palabras
Él le pidió que fuera a buscar algo cualquiera en el bolsillo del saco y ella encontró la carta. Camas y platos no se movieron. Contando a la niña los tres siguieron viviendo en el mismo lugar. La desdicha dio a luz una mujer torpe. La mujer del amante de la otra mujer. Amante es una palabra que encierra el pecho y los riñones. Él se volvió también el instructor de una lógica codificadora de los derechos positivos del adulterio: se repudia a la mujer porque no se la desea se la repudia porque es torpe y no entiende los hechos. Dado que no entiende se la repudia cada día y cada noche para mejor persuadirla. Nada de palabras. Nada de miradas. Se evitará el mínimo roce a fin de que su alma se desgaste. Toda palabra quedará fuera del hostigamiento del repudio ocioso. Silenciosas maniobras cotidianas de usurpación conyugal consumadas por el hombre tejen la abdicación de ella. El derecho de traición el derecho de mutismo son aprobados por el ciclo ininterrumpido de rutinas. Mantenerlas disminuye los márgenes de riesgo del vencedor al tiempo que arruina y extenúa a la vencida. Es necesario dañarla. Desarraigar su amor empecinado. Ni una sola palabra dará agua a esos sentimientos sedientos. No habrá nada que decir. El silencio apuntará directamente al corazón amortajado de la mujer que se calla.
Tatiana Oroño é de São José, Uruguai. Poeta e professora de Língua e Literatura Espanholas, com mestrado em Literatura Latinoamericana. Já publicou El alfabeto verde, 1979; Poemas, 1982; Tajos, 1990; Bajamar, 1996; Tout fut ce qui ne fut pas, ed. Bilingüe, 2004. E-mail: toyl@adinet.com.uy